Guía de supervivencia para el director de juego (o cómo salir al paso cuando…)

Buenos días a todos, roleros veteranos o novatos. A todos aquellos que alguna vez hemos dirigido, ya sea adultos o peques, sabemos que hay situaciones dónde tenemos que salir al paso, improvisando o poniendo paz de por medio. ¿Quién no ha jugado una partida de rol y alguno de los jugadores ha perdido los papeles? ¿O la típica partida dónde tienes una historia perfectamente encarrilada (la que piensas que es la mejor historia que vas a dirigir en la vida) y tus jugadores se empeñan en complicarse la vida hasta límites insospechados? Pues esas cosas que cuando diriges a adultos parecen complicadas, se magnifican cuando estás dirigiendo a pequeños (y alguna vez, a adolescentes). Para eso, os voy a contar en esta entrada, los recursos e ideas que me han ido surgiendo en estos meses que me estoy dedicando exclusivamente a dirigir a peques y adolescentes, que espero que os sirvan como ayuda si alguna vez os encontráis con este problema.

  • Mi hijo/a quiere jugar al juego…” y ves en el niño, una expresión de desagrado:

Parece una situación extraña, pero me sucede en muchas colaboraciones y actividades abiertas al público que hago con ALC Stronghold. Padres y madres que quieren que el niño participe en las actividades, pese a qué el niño o niña no está interesado en ello. Nunca y me repito, nunca debemos forzar la situación ni decirle al niño que pruebe algo sin él quererlo. Lo primero, es que vamos a crear una situación bastante incómoda para el pequeño y para nosotros mismos y lo segundo, es que si juega forzado no va a disfrutar de la experiencia. Muchas veces, ante la cara de duda de los pequeños, les hago un poco de explicación de la historia, les enseño los materiales de la partida y les invito, sin compromiso, a qué prueben la experiencia. En otras ocasiones, los papás se han empeñado en que el niño lo pruebe y el desastre se ha hecho realidad, en mitad de la partida. No forcéis la máquina, si quiere probar una actividad, ya os lo pedirá.

  • En mitad de la partida, el pequeño entra en fase de conflicto: cabreo, gritos y malas maneras.

Conectado con el párrafo anterior, me he encontrado un par de veces con esta situación. Un pequeño que no quiere participar en la actividad, el padre se empeña en qué debe probarlo y sin comerlo ni beberlo, ya tenemos preparado el drama. En mitad de la partida, sin venir a cuento, el niño se cabrea, trata material el material, apenas interacciona con el resto de jugadores e incluso, chilla o molesta cuando no es el centro de atención. Lo primero, ante todo, es parar unos segundos la partida y acercarse al pequeño, para preguntarle qué le pasa. Intentad mantener una posición calmada, hablando con un tono de voz bajo y manteniendo contacto visual. Si el pequeño no entra en razón, deberéis optar por hacer de tripas, corazón y continuar con la actividad sin su participación. En actividades abiertas, como las que yo participo, siempre me dirijo a los padres del pequeño (que siempre deben estar presentes en la sala) y les intento convencer de qué si el pequeño no está a gusto en la actividad, pueden abandonarla sin problema, pero que no puedo parar la experiencia de juego para el resto de jugadores. En caso de partidas particulares, con nuestros peques, siempre hemos de mantener la calma e intentar mediar el conflicto, de una forma calmada y resolutiva.

  • El pequeño está ausente, no participa de la partida y se muestra aburrido. 

Aquí pueden ser origen del problema, varios factores diferentes: lo primero, que la partida sea demasiado larga y/o extensa. No todos los niños tienen la misma paciencia a la hora de jugar y cuánto más pequeños son, más rápido se suelen cansar. Normalmente, de media, suelo hacer las partidas a niños a partir de 5 años y las partidas suelen durar entre 30 y 60 minutos, según la implicación de los pequeños. A menores de 5 años, les suelo hacer partidas más simplificadas, reduciendo dados y haciendo la partida más dirigida, limitando su duración a no más de 20 minutos. Cada pequeño es un mundo y el tema de la duración lo pueden llevar bien o mal, pero con estos estándares suelen dar buen resultado.

El segundo factor a tener en cuenta es el cansancio del niño. Si el niño está cansando, pues lleva todo el día trotando o por qué no se encuentra bien, le será muy difícil mantenerse activo en la partida. Como todo en esta vida, cada cosa tiene su momento. A veces, el jugar no es lo que más nos apetece hacer y lo tenemos que tener en cuenta. Una partida después de volver del cole no será tan divertida como una partida en fin de semana o en vacaciones, después de haber podido descansar bien. Plantear bien la actividad según el momento en el que lo vamos a dirigir, también ayuda al éxito de la misma.

Un tercer y último factor es la actitud del pequeño en sí. Hay pequeños que llevan mejor o peor, el relacionarse con otras personas que no sean del ámbito familiar. Esto suele suceder en las partidas abiertas (las familiares, no suelen darse estos problemas). Partidas dónde el pequeño se ve acompañado de otras personas que no conoce y siente timidez. Siempre recomiendo que en el caso que el pequeño sea tímido, los papás ayuden al pequeño durante el tiempo que crean necesario durante la partida. A mi no me molesta que los papás participen (y jueguen de la partida). Es más, me parece muy interesante que formen parte de la misma, pues así sus hijos establecen un vínculo mayor con la partida, pues sus papás también forman parte de sus juegos, son sus compañeros de juego.

  • La partida tenía una idea principal, pero de golpe y porrazo se me ha ido de las manos.

Ante todo, calma. Si esto os pasa, no os preocupéis, que todo tiene arreglo. Normalmente, es recomendable llevar las partidas de rol para peques bien encarriladas (los sandbox y los peques, en combinación, son armas de destrucción masiva). Si vemos que una partida se desvía del eje o por las aportaciones de los pequeños, nos abren una nueva vía de exploración (o hilo de dónde seguir narrando eventos), no desesperéis. Tomad buena nota de todo lo que vayan diciendo y úsalo como material, para seguir la historia. Seguramente tendréis que volver a reconducir los eventos para qué concuerden con los que teníais previstos. Aún hay más, quizás los nuevos eventos son mejores que los anteriores y por tanto, hay que improvisar un nuevo final. Para esto, la experiencia y la imaginación son los dos mejores recursos de los que podemos disponer. Lo importante es pasar un rato divertido y que los jugadores se lo pasen bomba.

  • “Creo que este juego no es adecuado para mi hijo, pues pone que la edad es…”

El momento que más indignación me puede producir en los eventos de demostración o de colaboración con otras entidades. Normalmente, las edades recomendadas nos hablan de los mínimos que necesitamos para poder disfrutar del juego, película y demás contenido clasificado para edades. Me ha pasado en algunos eventos dónde, al preguntar por las partidas de rol infantil y al ver que el sistema que iba a dirigir era Pequeños detectives de monstruos, los papás han decidido no apuntar al pequeño a la partida, argumentando: “Es que es demasiado mayor el niño para jugar a un juego que está pensando a partir de los tres años”. Vaya, resulta que un niño de nueve años no puede jugar a PDM, pues el libro está recomendado a partir de tres años. Pues, lo siento, pero se equivocan. La recomendación de un libro no implica que no se pueden desarrollar partidas del mismo para edades más adultas, aplicando algunas modificaciones de las que hemos hablado alguna vez en el blog. No perdamos el foco de qué el rol es una actividad para pasárselo bien y qué, quizás PDM pueda resultar infantil, pero también hace mucho el tipo de partida que preparemos. Si hacemos una partida muy sencilla, dónde apenas tiramos dados y el gran peso de la partida cae sobre el director de juego, pues la verdad, es que esa madre tenía razón. Pero si hacemos una partida, con muchos enigmas, tiradas complicadas, objetos modificados respecto al libro y qué tienen posibilidad de fallar o de romperse, la cosa se complica y mucho. Además, el miedo siempre se acumula y cuánto más difícil es el caso, mayor es la dificultad de vencer el monstruo. Os sorprendería la cantidad de padres que han jugado a PDM y que, cuando tienen oportunidad, se suman a sus pequeños para jugar conmigo a las partidas. En las próximas semanas (pues todo llegará), compartiremos la primera partida que diseñé para padres e hijos, y volveremos a repetir la experiencia próximamente. Lo importante no es la edad mínima del juego. Lo importante es saber adaptar el contenido a la edad de los jugadores.

Y hasta aquí, esta lista de consejos basados en la propia experiencia de dirigir rol para pequeños. ¿Os han surgido algunas dudas o conflictos en vuestras partidas? Dejad un comentario.

2 comentarios sobre “Guía de supervivencia para el director de juego (o cómo salir al paso cuando…)

  1. Muy interesante el artículo, estoy planteando mi primera partida para mi hija y un par de amigos y estoy navegando por tu web buscando información. Una de las cosas que más me preocupan son esos conflictos que puedan surgir en la partida y que esa primera experiencia se vaya al traste. Un saludo y gran trabajo

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    1. Primero, gracias por el comentario. Lo segundo, tenemos que mandar el mensaje correcto a los peques: estamos jugando y tiene que ser algo divertido. Si el peque se aísla o se aburre, debemos prestar atención y buscar soluciones creativas. La teatralidad y la interacción con ellos, ayuda a evitar dichos conflictos.

      Ánimos con la primera partida y gracias por visitar el blog.

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