El caso de la casa en obras – Capítulo 5

Calor. El detective Papaya, cubierto de sudor, seguía corriendo por los rincones del parque en busca del Monstruo del Armario, que se había disfrazado de adorable anciana para huir ante la mirada atenta del detective. El gamusino que vive en el archivador, le seguía de cerca, pero no podía comparar sus pequeños pasos con las grandes zancadas del detective: siempre se quedaba rezagado. Cuando el detective Papaya frenó en seco, aprovechó la oportunidad para escalar por el traje sudado y colocarse hábilmente en la parte superior del sombrero: desde ahí tenía una vista excelente para contemplar todo el parque. Habían regresado a una zona que conocían bien: la zona de entrada del parque: las tiendas de recuerdos y dulces, las primeras atracciones y a lo lejos, un recién construido laberinto infantil. En el suelo del laberinto, lo que parecía una vieja peluca gris de atrezzo. El detective Papaya no le dio mucha importancia, pero el gamusino, si. Desde su posición privilegiada, vio los dos pequeños cuernos amarillos, escabullirse por el interior de las paredes del laberinto y alertando al detective, con gruñidos y pataleos desde lo alto del sombrero, comenzó la persecución por el interior del laberinto.

Recorre el laberinto desde la parte superior a la inferior, en busca del monstruo desaparecido.

Tras una larga carrera entre los angostos pasillos, el detective Papaya logró alcanzar al Monstruo del Armario, que cayó todo lo largo que era contra el suelo. Asustado, levantó las manos y miró de reojo al detective. Estaba rojo con un tomate, cosa que contrastaba con el traje verde papaya que aparecía cubierto de manchas de sudor. Susurrando disculpas, intentó evitar males mayores, pero el detective Papaya, estaba por otras cosas:
– ¿Qué hace un monstruo como tú, en el parque de atracciones?
– Tenía hambre. Me quedé sin retales de la escuela de artes y me colé en el parque, al ver la Grand Chapiteau
– ¿La qué? – Preguntó un extrañado detective Papaya.
– La carpa del circo. Metros y metros de tela roja y blanca. ¡Seguro que tiene gusto a fresa! Pero al probarla no me convenció. Tenía demasiado gusto a arena. Pero me asusté. Había alguien pululando por ahí. Reía muy fuerte y estaba arrastrando a gente muy pesada. Uno de ellos, con la piel verdosa y llena de cicatrices.
– ¡Los animatrónicos! – El detective Papaya había estado en lo cierto. El Monstruo del Armario no tenía razones para robar un animatrónico. Había otro monstruo pululando.
– Podría ser. No había visto yo gente con la piel tan dura. Parecía de metal. Por el tamaño de aquellos robots, quién lo hizo debía ser muy fuerte. Aunque… ¡se enfadó con aquellos bichejos!
– ¿Qué bichejos? – Preguntó el detective. – ¿A qué te refieres?
– Te lo explicaré con una adivinanza. Si la aciertas, marcharé del parque y prometo que no haré más travesuras. Y si fallas, me comeré tu sombrero.
– De acuerdo. – No había nadie en el mundo, capaz de vencer al detective Papaya, con las adivinanzas.

¿Sabes cuál es la respuesta?

El gamusino que vive en el archivador, vio alejarse con resignación al Monstruo del Armario. Se había quedado sin hincarle el diente al sombrero del detective. ¿Quién iba a decir, que al monstruo que están buscando, no le gustan los roedores? Pero aún así, tampoco tenían mucho tiempo qué perder y aprovecharon para mirar por las cercanías, en busca de alguna pista nueva qué les fuera útil. Al acercarse al Carrousel, escucharon la fanfarria y vieron moverse algunos de los caballos y animales que daban vueltas y vueltas en círculo, al ritmo de aquella melodía. Sobre la plataforma, un joven aprendiz, miraba extrañado por todos los rincones de la plataforma:
– ¡No está! ¡No está! Juraría que yo la había dejado aquí.
– Disculpe, joven. ¿Qué le puedo ayudar?
– Pues si, necesitaría una mano. Tenía aquí la llave de la Casa Encantada, que pese a no tener los animatrónicos, estamos aprovechando para pintar y arreglar desperfectos y ahora no la encuentro. ¿Qué podría ayudarme a buscar la llave?
– Por supuesto. Gamusino, te ha llegado el turno. Ayúdame a ver si encuentras la llave.

La llave estaba escondida entre una gran pila de objetos. Ante el gamusino y el detective Papaya, se levantaba la gran Casa Encantada y esta vez, los monstruos no iban a salir a recibirles, deberían buscarlos, antes de la inauguración de la temporada. ¿Lo conseguirán?

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