El caso de la casa en obras – Capítulo 9

Era un gran montón de tela negra, llena de parches de colores. El disfraz de bruja que sostenía entre las manos, quizás era el motivo de la presencia del monstruo en el parque, pero aún era demasiado pronto para saberlo:
– ¿Y dónde dices que está el nombre? -Preguntó, curioso, el detective Papaya.
– En el cuello, hay una cinta blanca con un nombre manuscrito. – Señaló el señor Adosmanos.- Yo creo que ahí pone un nombre familiar.
– Pues… – Comenzó el detective Papaya.- Yo solo veo unas rayas torcidas. Déjame que mire con mi lupa. Tras observar detenidamente el pedazo de tela, llegaron rápidamente a la conclusión: el señor Cañadeazúcar era el personaje disfrazado de la casa. ¿Y qué relación podría tener con la desaparición de los animatrónicos? El cartel destrozado de la antigua decoración, las motas de polvo acumuladas en los rincones. Todo parecía indicar un camino en concreto, pero era demasiado pronto para apresurarse y más, sin tener rastro de los robots. Tras acceder a la habitación 202 y dejar sobre la cama, el traje de bruja, buscó en su teléfono móvil, el teléfono del director del parque de atracciones. Un leve pitido emitió el teléfono y su pantalla se apagó:
– Sin batería. ¡Perfecto! Estos trastos son inservibles. – Se resignó el detective Papaya, guardando su celular en el bolsillo de la americana.- ¿Usted no tendrá un teléfono para prestarme?
– Pues no, pero tengo el walkie-talkie de la empresa. Seguro que podemos encontrar el código en la lista de comunicadores. ¡Echémosle un ojo!

Encuentra el código escondido, coloreando aquellas casillas dónde haya un punto.

Tras unos cuantos zumbidos, la voz del señor Cañadeazúcar, resonó en la habitación:
– ¡Señor Papaya! ¡Soy todo oídos! ¿Han encontrado mis robots?
– Todavía no, pero tenemos localizado al posible causante del robo. Necesitamos saber más sobre su participación como actor en la Casa Encantada.
– Eran otros tiempos, cuando yo era más joven y mi padre dirigía el parque. En el verano, me vestía con esos harapos negros y asustaba a la gente. Algunos venían disfrazados también, para asustarnos, pero no lo conseguían. Cada verano, aparecía uno en particular que me llamaba mucho la atención: su disfraz era muy realista, parecía un monstruo de verdad. Recuerdo aquellos cuernos amarillos y unos ojos bien separados. Pero salía huyendo al verme aparecer con la escoba. ¡Qué tiempos! Oiga, ¿le han enseñado las cámaras de seguridad? Hemos instalado una en la planta superior, en la habitación 202 y habrá otras tres, que se instalarán mañana en el bistró, la recepción y la habitación 204.
– ¿Hay una cámara en la habitación 202? – Miró alrededor, pero no vio nada destacable, más que la decoración de una vieja habitación de hotel. – ¿Y dónde dice que está?
– ¿Por qué no prueba a adivinarlo? Le daré una pista.

¿Detrás de qué objeto está escondida la cámara?

Tras retirar la decoración que escondía la cámara, vieron una pequeña pantalla LCD, dónde pudieron observar a una sombra oscura, cruzando a gran velocidad la estancia. El joven Adosmanos, señaló la pantalla y gritó:
– ¡Pare! ¡Páuselo! ¿Se ha fijado en ese detalle?
– ¿En qué detalle? – Preguntó curioso, el detective.

Resuelve el rompecabezas en línea o imprime esta imagen y recortarla a tu gusto, para generar tu propio rompecabezas.


– Está empapado. Ya sé dónde está escondido.

Continuará…

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