El caso de la casa en obras – Capítulo 11

La noche caía sobre el Parque de Atracciones de Villalejana. El cansancio hacia mella en el detective Papaya, que había dejado de sudar, tras atrapar al Monstruo del Ático y del Sótano. Tras de sí, el gamusino que vive en el archivador, el señor Cañadeazúcar y el joven de mantenimiento, el señor Adosmanos:
– ¿Y quiere usted decir que encontraremos lo que buscamos en el Carrusel? Es un almacén muy pequeño, no creo que lo haya podido esconder todo ahí. – Afirmó el señor Cañadeazúcar. – Además, seguro que es otra treta del monstruo.
– No lo creo, señor. El hecho de que solo faltase una llave en el tablero, me produce muchas sospechas y no creo que haya sido casualidad. Miremos en el Carrusel, es la atracción estrella de la zona infantil y la única, que dispone de una pequeña área de almacenaje.

Debajo de las entrañas del carrusel, una pequeña sala abovedada, albergaba un sinfín de cajas de cartón. El señor Cañadeazúcar, rascándose la cabeza, informó:
– ¡Esto no es posible! Antes no había tantas cajas.
– Pues seguramente, en estas cajas encontraremos lo que buscábamos. Sacar todo de golpe no es una idea muy brillante, pero se podría sacar poco a poco, para que los técnicos los vayan colocando en su debido lugar.

Revisando las cajas, encuentran unas etiquetas escritas con una letra infantil y deforme. Parece que cada caja, contiene las piezas de un determinado animatrónico. Al abrir la primera caja, el detective Papaya comprueba que en la caja marcada como Medusa, aparecen las piezas cubiertas de venas harapientas de la Momia:
– ¡Un momento! Las cajas están mal etiquetadas. Deberemos revisar bien, qué caja corresponde a cada uno de los monstruos.
– ¡Tardaremos horas! Son muchos animatrónicos los que hay que instalar.
– Pues comencemos con tres de ellos. – Señaló tres cajas apiladas en una esquina.- Seguro que entre esas tres cajas, están los tres animatrónicos correctos.

Relaciona cada una de las cajas, con el animatrónico que contienen en el interior.

Después de comprobar un sinfín de cajas y recolocar las etiquetas, poco a poco, aquella pequeña sala se fue vaciando, quedando solamente por mover las últimas cajas, con dos de los animatrónicos más importantes: Medusa y el Basilisco. El joven Adosmanos, algo agotado, preguntó:
– Ya que estamos, señor Cañadeazúcar, pese a lo tarde que es, queremos dejar montados los robots, para aprovechar el día de mañana para acabar con los retoques. ¿Por cuál quiere comenzar?
– ¿Qué tal si comenzáis por Medusa? Su instalación es laboriosa y recordad, que con el cambio de mecanismo, cada una de las serpientes, se mueve de manera independiente.
– ¿Y de qué manera van colocadas? – Preguntó curioso, el señor Adosmanos.
– Pues van colocadas… van colocadas… Mire, aquí tiene la lista de las serpientes que pedí yo pintar y ustedes, colóquenlas, según el número de letras que tienen sus nombres.
– ¿Y si tienen el mismo número de letras? – Preguntó curioso, cargado con una gran y pesada caja de piezas sueltas.
– ¡Pues en orden alfabético! – El señor Cañadeazúcar estaba perdiendo los papeles.- ¡Rápido! ¡Aquí tiene el listado!

¿Cuál es la primera serpiente que deben instalar? ¿Y la última? ¿Te atreves a ordenarlas todas?

Tras una larga espera, el detective Papaya, decidió acarrear con la caja del gran basilisco y acercarlo a la Casa Encantada. El joven Adosmanos, apareció por la puerta principal, con la cara manchada de grasa y con grandes gotas de sudor:
– ¡Gracias por acercarnos a este monstruo! Es el más grande de todos y el más complejo.
– De nada, estaba algo cansado de estar en ese pequeño cubículo bajo tierra. Con esto ya quedaría zanjado el tema de la Casa Encantada, ¿no?
– Pues sí, parece que sí. Sin su ayuda, no hubiéramos acabado a tiempo y la apertura del parque hubiera sido un gran fiasco. – Afirmó, el joven técnico de mantenimiento.
– Señor Papaya, creo que es hora de que marche a descansar. Tenga este sobre. No lo abra hasta que llegue a casa. – Afirmó el señor Cañadeazúcar, mientras le indicaba con la mano que saliesen del parque. – Es muy tarde y su gamusino parece algo agotado.

En efecto, el gamusino que vive en el archivador, había trepado hasta lo alto del sombrero y se había quedado frito. Los pequeños ronquidos vibraban en las orejas del detective. Al llegar a casa, dejó al gamusino sobre el sofá y abrió el sobre. En el interior, se encontró con algo que no esperaba.

Resuelve el rompecabezas en línea
 o imprime esta imagen y recortarla a tu gusto, para generar tu propio rompecabezas.

¡Dos entradas para el Parque de Atracciones de Villalejana! ¡Habrá que ir a la inauguración!

En el sobre, dos entradas para el Parque de Atracciones de Villalejana, para el estreno de la nueva temporada. El detective Papaya, sonriendo, musitó:
– Tendremos que ir, no queda otra.

Continuará…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s