El caso de los desorganizadores – Capítulo 3

La biblioteca de la Agencia de Detectives de Monstruos, contenía todo tipo de volúmenes, tomos y libros relacionados con el trabajo detectivesco que, a diario, se llevaba en la agencia. Solía ser un lugar de paso, pues con las nuevas tecnologías se había perdido la costumbre de consultar en formato físico, pero muchos detectives todavía echaban ojo a antiguos manuales y manuscritos, los más antiguos databan del siglo XV, cuando todavía no existía la Agencia, como tal. Muchos de estos documentos fueron donados por el abuelo de la detective Tiramisú, ya que toda su familia se ha dedicado en cuerpo y alma a la Agencia. Revisó una por una, las estanterías de la biblioteca, pero no vio nada que le llamase la atención. Quizás habría unas cuatro mil o cinco mil obras diferentes y no tenía el tiempo suficiente como para revisarlas todas. Recordo algunas de las palabras: mesa, mapa… ¿Y si había algo escondido debajo de la mesa? Miró, una por una, aquellas mesas de estudio que habían en el centro de la sala, pero todas parecían demasiado modernas para contener nada. Mirando al techo y resoplando, clavó su mirada a la mesa de recepción: un antiguo mueble rústico de madera y de gran tamaño. Se tiró al suelo y buscó bajo la gran tabla de madera alguna señal:
– ¡Eureka! – Exclamó.- Aquí está lo que estaba buscando.

¿Qué mensaje está encriptado con el misterioso código que aparece bajo la mesa?

“Monstres et histoire naturelle”, de un desconocido Thierry Laizure. Es lo que estaba escondido bajo la mesa de recepción. Recorrió todas las estanterías buscando aquel tomo en francés. Cuando lo halló, medio escondido en una de las estanterías más alejadas de la puerta, respiró tranquilo. Se lo llevó agarrado al pecho y salió por la puerta de la biblioteca, justo en el momento que la secretaría Mermelada, venía cargada con un montón de libros. Todos salieron por los aires, incluso, el volumen que había cogido el detective Piña Colada y cayeron al suelo, mezclándose los unos con los otros.
– Disculpa, Moncho, no te había visto.
– No te preocupes, Agnés, déjame que recupere mi libro y ahora te ayudo a recoger.
– ¿Y cómo era tu libro, Moncho?
– Un volumen en francés, con tapas rojas… – Miró al suelo y se llevó las manos a la cabeza. Todos los libros desparramados por el suelo eran en francés y con las tapas rojas. Tardarían una eternidad en encontrar el suyo.- Veo que con esos datos no sirven. Tendremos que mirar uno a uno.
– A no ser que haya algo que lo diferencie del resto. – Dijo la secretaría Mermelada. – En un periquete lo hallaremos.

¿Qué libro es diferente al resto y porqué? ¡Seguramente sea el del detective Piña Colada!

Encerrado en el despacho, junto con la secretaría Mermelada, que ya había depositado los libros en la biblioteca, echaron un ojo al misterioso “Monstres et histoire naturelle”. Lo primero que les llamó la atención, fue lo bien conservado que estaba el libro, pese a ser un documento de finales del siglo XIX. Y lo segundo, el mapa detallado que aparecía en la última página del documento, haciendo referencia al municipio de Villalejana. Era un dibujo moderno, realizado con un bolígrafo de tinta liquida y dónde aparecía la comisaría y un pequeño dibujo al lado de ella: un frasco de cristal. ¿Tendría todo aquello relación con los robos? El señor Berbiquí, comentó que el libro se lo había dejado olvidado la secretaría Mermelada, la última vez que estuvo en la tienda. Piña Colada, preguntó:
Agnés, ¿cuando fue la última vez que fuiste a la ferretería del señor Berbiquí?
– Pues hará unas semanas, cuando se rompió la Detectilinterna del detective Kiwi y tuve que comprar una lente y una bombilla nueva.
– ¿Llevabas algún documento entre las manos, por casualidad? – Agnés dudó durante unos segundos. – ¿Este documento, quizás?
– Pues sí. Pensé que lo había perdido. Llegó el mismo día que el detective Kiwi se quejó de su Detectilinterna rota. El sobre en el que llegó, estaba mal cerrado.
– ¿Tenía remitente? ¿Lo guardaste? – El detective Piña Colada, estaba atando cabos rápidamente.
– Sí, está en mi cajón. ¿Crees qué…?

No le dio tiempo a acabar la frase. El detective había salido disparada a recepción. La secretaría Mermelada corría como podía, para indicarle dónde estaba. Unos minutos después, al abrir uno de los cajones, encontraron el sobre… hecho pedazos:
– Tenemos que ir con cuidado. Parece ser que el monstruo nos está observando.
– Pero no sabemos quién es.
– Bueno, pero me temo que este sobre nos dará la información necesaria. Pásame la cinta adhesiva. Tenemos una pista por reconstruir.

Resuelve el rompecabezas en línea o imprime esta imagen y recortarla a tu gusto, para generar tu propio rompecabezas.

¿Y esa huella? ¡No puede ser! ¡No puede ser!

Continuará…

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