El caso de los desorganizadores – Capítulo 9

El olor a chocolate, a pan recién horneado, al almíbar que cubre los croissants y a café, inundaron las fosas nasales de los detectives. Doña Eulalia, vestida con su cofia y bata blanca, les esperaba en la entrada de la confitería, algo apurada. No hacía falta preguntar el motivo, ellos ya sabían lo que estaba sucediendo:
– El Monstruo de las Sombras, haciendo de las suyas. – Concluyó el detective Piña Colada.- En un periquete nos encargamos de esto.
– Gracias, detective. Debe estar en la parte trasera del obrador. Lo que no sé dónde he dejado la llave. Estaba tan nerviosa, que cuando lo he visto entrar allí, he cerrado la puerta y he tirado la llave. Seguramente haya caído en el mostrador, entre los pasteles. Si pueden echar un vistazo, yo estoy demasiado nerviosa para mirar.
– No se preocupe, iremos con sumo cuidado y miraremos de encontrar la llave. Espere en la puerta. Si necesita algo, podemos avisar a la secretaría Mermelada.
– No, no se preocupe. Un poco de aire me irá bien, gracias detectives.

El mostrador de la confitería estaba lleno de preciosas tartas de nata, chocolate, crema,… había más de dos docenas de tartas diferentes. ¿Adónde había ido a parar la llave?

Encuentra todas estas deliciosas tartas en la sopa de letras. En una de ellas, podría estar la llave.

Clavada la llave, sobre una deliciosa tarta Selva Negra, una tarta de chocolate bien apetecible, el detective Piña Colada, la cogió con delicadeza y se acercó a la puerta del obrador. Desde el interior, se oían breves gemidos, como si alguien estuviera pasando un miedo terrible. Al abrir la puerta, el Monstruo de las Sombras estaba en una esquina, atemorizado, mientras mordía un pedazo de chocolate negro. Sobre la mesa de trabajo del obrador, una gran tarta en forma de araña, hecha con arroz inflado y fondant, esperaba ser terminada para ser entregada. El Monstruo de las Sombras, ni se inmutó cuando el detective Piña Colada, se acercó con el Frasco de cristal y lo atrapó en su interior. Doña Eulalia, apareció unos minutos después y agradeció la intervención de la Agencia, pero se llevó las manos a la cabeza:
– ¿Y el bizcocho de chocolate que falta? – Dónde estaba sentado el monstruo, vieron un montón de migas de bizcocho de chocolate.
– Creo que se lo ha zampado el granuja este, que llevo encerrado en el bote.
– ¡Qué desgracia! Es lo que faltaba para acabar esta tarta para la sobrina del Marqués de Sinestesia (Véase “El caso de verde (que te quiero verde)“). De mayor quiere ser bióloga y su tío, nos ha pedido una tarta coronada con una araña de fondant, pero sin el bizcocho, no podré entregarla.
– Nosotros podemos echarle una mano, ¿a qué si, detective Piña Colada? – Dijo un entusiasmado detective Kiwi.
– Pues sí, pero necesitaré la receta.
– Es muy sencilla, aquí se la dejo. Esta escrita a mano, espero que no tengan problema en entenderla.

Pero los garabatos de doña Eulalia eran muy complicados de descifrar:
– ¿Aquí pone huevos o hielos? Necesitaremos una Lupa Culodevaso para salir al paso.
– Pues eso creo yo, también. Déjame que mire en la mochila. – El detective Kiwi rebuscó en su mochila.- ¡Eureka! ¡Aquí la tengo! ¡Vamos a ver qué pone la dichosa receta!

La lista de ingredientes de la receta de doña Eulalia, es un poco confusa. ¿Tendrá que ver con el código Pigpen?

Tras dos horas de trabajo en el obrador y algún que otro accidente con la manga pastelera, los detectives Kiwi y Piña Colada, consiguieron acabar el bizcocho de chocolate que necesitaba doña Eulalia para la sobrina del Marqués de Sinestesia. Por fin el trabajo estaba terminado, cuando el detective Piña Colada, se llevó las manos a la cabeza y se preguntó:
– Oye, ¿y el Frasco de Cristal que había robado el monstruo? ¿Lo has visto?
– Pues no. Doña Eulalia, ¿usted ha visto si el monstruo llevaba algo en la mano cuando ha venido a la confitería?
– No, no llevaba nada en la mano. ¿Por qué lo preguntan?
– No, no se preocupe doña Eulalia. Cosas de la Agencia, ya me entiende. Si me permite, echaremos un ojo a toda la confitería.
– Sin problema, yo voy a envolver el pastel para entregárselo al señor marqués.

Miraron todos los rincones de la confitería, pero no encontraron ni rastro del pastel. Lo único que encontraron fue una extraña inscripción en un pedazo de papel. D1, era lo que estaba escrito. ¿Qué diablos era D1? Volvieron a la Agencia, con la frustración de haber perdido una herramienta vital para los detectives. La secretaría Mermelada, estaba colgando en la pared, un plano de Villalejana, cuando el detective Kiwi, exclamó:
– ¡Ya sé qué significa D1! ¡Y también sé dónde está el Frasco de Cristal!

¿A qué se refiere la anotación D1 del envoltorio de la chocolatina? ¿Dónde piensa el detective Kiwi, que está escondido el Frasco de Cristal?

Continuará…

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