El caso de los desorganizadores – Capítulo 2

Delante de la Ferretería Berbiquí, situada en la calle de la Luna, el detective Piña Colada sostenía entre las manos, el Frasco de cristal, al cual le faltaba el tapón. Cruzó la vieja puerta acristalada y un señor mayor, con gafas de lectura y calvo como una bola de billar, le dio los buenos días de manera efusiva:
– ¡Muy buenos días! Es raro ver gente joven por este negocio. Casi toda la juventud compra en línea. ¿En qué puedo ayudarle?
– Buscaba un tapón para este… – Tenía dudas de como llamar a aquel frasco de cristal, lleno de cables, botones y luces led.- Para este frasco de cristal.
– Interesante. ¿Trabaja usted en la Agencia, no? ¿Le ha mandado la señorita Agnés?
– ¿Quién? – Dudó unos segundos y recordó. – Ah, sí, la secretaría Mermelada, si.
– Espere unos segundos, voy a mirar en el almacén.

El señor Berbiquí desapareció tras una cortina y el detective, se quedó observando la cantidad de herramientas que tenía en la tienda. Junto a ellas, un listado de profesiones antiguas, a cada cual más interesante.

Antiguas profesiones en el póster de la ferretería. ¿Las encontrarás todas?

A los dos minutos, volvió a aparecer el señor Berbiquí, cargado de polvo y con un tapón de corcho en las manos:
– Esto servirá para vuestro Frasco de cristal. Aprovechando que entraba en el almacén, he encontrado este viejo Manual de Herramientas de la Agencia de Monstruos. Creo que podría resultarle de interés. Entrégueselo a la señorita Mermelada de mi parte.
– Muchas gracias. ¿Cuánto le debo?
– Nada, cortesía de la casa. Espero que vuelva a visitarme. – Dijo con una gran sonrisa en el rostro.
– Eso está hecho.

El detective Piña Colada, abandonó la pequeña tienda y regresó rápidamente a la Agencia. Tras cruzar la entrada, se encontró con la secretaría Mermelada, con el rostro desencajado y pálido:
– ¡Agnés! ¿Qué sucede? – Comenzó a zarandearla de lado a lado.- ¿Estás bien?
– El… El… El… al… alma… almacén… Está… está… todo… todo… revuelto.

Bajó los peldaños de dos en dos y abrió las puertas del almacén, de par en par. Lo que estaba viendo no podía ser real. Todo volvía a estar patas arriba. ¿Cuánto había tardado en ir y volver? ¿Era posible tanto desorden en tan poco tiempo? Necesitaba hacer algunas preguntas a la secretaría Mermelada y por eso, regresó a la planta principal, subiendo los peldaños de tres en tres:
– ¡Agnés! ¿Has escuchado algún ruido o algo?
– No, no he escuchado nada. Simplemente, al bajar al sótano, he visto la puerta del almacén, entreabierta y al acercarme, todo el desorden. Pero lo peor han sido los ojos dorados que me han mirado desde el interior.
– ¿Ojos dorados? ¿Un monstruo, quizás? – Preguntó curioso, el detective Piña Colada, que ya estaba sacando la libreta de su bolsillo.- ¿Un Monstruo del Desorden, quizá?
– No te lo podría asegurar. Recuerda que está muy oscuro el almacén. Pero la cuestión es que me he quedado aterrada ante tal situación y he subido todo lo rápido que podía, hasta la recepción, justo en el momento que tú has aparecido.

Cogió una Detectilinterna y bajó los peldaños de dos en dos. Iluminó todo el almacén, en busca del monstruo pero allí no encontró a nadie. Frustrado. Decidió recolocar todo en su lugar. Mientras lo hacía, intentó recordar qué cosas le gustaban al Monstruo del Desorden.

¿Qué cosas le gustan al Monstruo del Desorden?

La bombilla de las ideas se le encendió al momento. Podría comprobar si en algún rincón de la Agencia de Detectives de Monstruos, había algo que correspondiera con este monstruo. Si el Monstruo del Desorden estaba por la Agencia, encontraría algún que otro cable enrollado, les hubieran desaparecido bolígrafos o pinzas, como las que tiene la secretaría Mermelada en su recepción o incluso, hubieran desaparecido cosas de la Agencia, pero lo único que había desaparecido era un estúpido tapón de corcho, que ya había sido repuesto. Tras analizar cada palmo del edificio, llegó a la conclusión que algo allí estaba fallando:
– No falta nada. Todo está en su sitio. Ni un cable enredado, ni un objeto desaparecido. – Se sentó sobre la butaca de su nuevo despacho.- ¿Qué haría Lucio en mi lugar? Seguramente, tiraría el sombrero contra el perchero, en busca de una respuesta. – Cogió su gorra negra y la lanzó contra el perchero.- Bueno, al menos sabemos que es un monstruo con dos ojos. Eso nos descarta a varios sospechosos. Pero es muy extraño.

Miró al escritorio y vio el libro que le había entregado el señor Berbiquí. En su portada se dibujaban diferentes objetos y una extraña pregunta relucía con letras de plata: ¿Qué misterio esconde este libro? Miró toda la portada y descubrió lo que parecía una encrucijada de letras. ¿Será capaz de resolverlo?

¿Qué querrán decir todas estas palabras?

Biblioteca, Agencia, Ladrón, Holmes… Palabras que por si solas, no tienen mucho sentido, pero que el detective Piña Colada, va anotando en una pizarra blanca. ¿Y si fueran parte de un mensaje escondido? ¿Biblioteca? ¿Agencia? ¿Hay algo escondido allí? Tomó el libro y salió del despacho, rumbo a la biblioteca. Necesitaba encontrar respuestas y allí, las iba a encontrar.

Continuará…

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